Formación de idiomas · Plataforma de aprendizaje corporativo
El alumno quiere aprender; su empresa, justificar la inversión
Rediseño de Fluency, la plataforma con la que se estudia un idioma dentro de la empresa. Dos perfiles con intereses distintos, la misma anatomía de pantalla y un inicio que cada quien configura.
- UX/UI Design
- Arquitectura de información
- Sistema de diseño
- Diseño responsive

- Mi rol
- Diseño de producto en pareja con otra diseñadora. Me ocupé sobre todo de la capa visual, el sistema de diseño y la especificación para desarrollo; ella, de la investigación y los flujos. Las decisiones de arquitectura y de interacción las tomamos entre las dos partes.
- Duración
- Marzo – julio de 2026. Rediseño completo de una plataforma que ya estaba en producción y con alumnos dentro.
- Plataforma
- Web responsive, de escritorio a móvil. Interfaz en castellano con selector de idioma; el contenido de las lecciones, en el idioma que se estudia.
- Usuarios
- Dos perfiles que nunca se cruzan: el alumno que estudia y el responsable de formación de la empresa que paga el curso.
- Alcance
- Dos productos dentro de una misma aplicación: 20 pantallas de escritorio con sus equivalentes de móvil, un catálogo de 20 indicadores y una pantalla de inicio que cada quien monta a su gusto.
- Entrega
- Figma documentado componente a componente, con estados, reglas de responsive y criterios de uso. El equipo de desarrollo del cliente lo implementó sin diseñadora dentro.
01 — El desafío
Una plataforma que nadie entendía a la primera
La herramienta existía y se usaba, pero mal. El alumno entraba a ver cuándo era su próxima clase y acababa perdido entre contenidos de tres proveedores distintos que la interfaz presentaba como si fueran cosas diferentes. El responsable de formación de la empresa entraba a sacar unos datos para justificar la bonificación y terminaba pidiéndoselos por correo a la escuela.
El diagnóstico no fue que faltaran funciones: estaban casi todas. Lo que faltaba era un criterio para ordenarlas. Cada pantalla se había añadido cuando hizo falta, con su propio lenguaje, su propia tabla y su propio sitio para los indicadores. Dos personas distintas describían la misma sección con palabras distintas porque la aplicación también.
Y había una complicación de fondo: dentro de la misma aplicación conviven dos productos. El alumno mira hacia dentro —qué me toca hoy, cuánto llevo—, y el responsable mira hacia fuera —cuántos de mis 124 alumnos están en riesgo y qué papeles necesito para FUNDAE—. No comparten objetivo, ni datos, ni ritmo de visita. Y tenían que caber en una sola plataforma que se pudiera mantener.
Dos perfiles, una anatomía
cabecera, indicadores generales y módulos apilados. Aprender la pantalla del alumno es aprender la del responsable: cambia lo que se mide, no dónde se mira.
Lo que había que resolver
- Que el alumno no tuviera que saber de qué proveedor viene cada contenido.
- Que el responsable pudiera justificar la formación bonificada sin salir de la plataforma.
- Que la discusión eterna sobre qué va en la pantalla de inicio dejara de ser una discusión.
02 — Restricciones
Lo que no se podía tocar
De negocio
- La formación bonificada manda. Buena parte de estos cursos los paga la empresa y se bonifican. Eso impone pruebas, convocatorias y estados de acreditación que no se pueden simplificar porque no los decide el producto.
- Los contenidos vienen de fuera. Material del tutor, contenido asíncrono de terceros y cuaderno de actividades. Son tres sistemas y tres formas de contar el progreso, y el alumno no tiene por qué enterarse.
- Había usuarios dentro. Un rediseño, no un producto nuevo: tenía que reconocerse como la misma plataforma el lunes siguiente.
De diseño y de equipo
- Dos diseñadoras, ningún diseñador dentro del desarrollo. Lo que no quedara escrito en el Figma se iba a resolver improvisando meses después, sin nosotros delante.
- Móvil al mismo tiempo que escritorio. Cada pantalla se entregó con su versión de móvil; no hubo una fase «y ahora el responsive».
- Densidad alta. Son tablas de alumnos y rejillas de indicadores. Aligerarlas quitando datos no era una opción: había que aligerar la lectura.
03 — Decisiones clave
Tres decisiones que ordenaron el resto
El trabajo se resolvió con pocas decisiones grandes y muchas consecuencias pequeñas. Estas tres explican casi todo lo que se ve en las pantallas.
Un color por perfil, no un color de marca
- Decidido: el alumno trabaja en azul y el responsable en verde, sobre la misma estructura y los mismos componentes.
- Por qué: hay personas que entran con los dos perfiles. Saber en cuál estás no debería exigir leer la cabecera, y el color lo resuelve antes de que la vista llegue al texto.
- Coste asumido: dos escalas de color que mantener en vez de una, y cada componente duplicado en el sistema. Se sostiene porque solo cambia la tinta: ni un espaciado ni un tamaño son distintos entre perfiles.
La pantalla de inicio la monta el usuario
- Decidido: los módulos del inicio se activan, se desactivan y se reordenan arrastrando, y los indicadores generales se eligen de un catálogo con un máximo de cuatro.
- Descartado: una home fija decidida por nosotras, que es lo que se pedía al principio.
- Por qué: no había una respuesta buena. Lo que un alumno quiere ver primero es su próxima clase y lo que otro quiere es cuánto le falta. Elegir por ellos garantizaba acertar con la mitad.
- Coste asumido: hay que diseñar el estado de «no has elegido nada» y el módulo fijo que no se puede quitar. El tope de cuatro indicadores no es estético: es lo que cabe en una fila sin que la cifra encoja.
El progreso es una sección, no un dato suelto
- Decidido: Seguimiento, Plan de estudios y Evaluaciones viven juntas bajo «Progreso», con la misma rejilla de indicadores en las tres.
- Por qué: antes el avance estaba repartido entre cuatro pantallas y ninguna contestaba entera a «¿cómo voy?». Agruparlas convirtió cuatro respuestas parciales en una.
- Coste asumido: el menú lateral gana un nivel de agrupación. A cambio, en móvil ese grupo colapsa limpio en una sola pestaña.
Un solo lenguaje para los contenidos
- Decidido: los tres orígenes de contenido se presentan con la misma tarjeta, el mismo progreso y la misma unidad de medida: actividades completadas sobre el total y horas dedicadas sobre las planificadas.
- Por qué: el alumno no está estudiando «en un proveedor», está estudiando inglés. Que la interfaz refleje la arquitectura de contratos de la escuela es un problema nuestro, no suyo.
- Coste asumido: hubo que negociar una equivalencia entre tres formas distintas de contar el avance, y en algún caso es una aproximación. Está asumido y escrito.
04 — Solución final
La misma pantalla contada dos veces

Arquitectura de información
El menú agrupa por intención, no por módulo
Aprendizaje, Progreso, Comunicación y Recursos. Las etiquetas no describen las secciones del sistema antiguo: describen a qué se viene. «Progreso» recoge lo que antes estaba repartido en cuatro sitios.
Reconocer antes que recordar
Cuatro indicadores, y el mes por defecto
Horas, dedicación y rendimiento, siempre en el mismo orden y con el denominador a la vista: 6 de 8, no 75 %. El conmutador mensual/global está al lado porque la pregunta real alterna entre los dos.
Control del usuario (Nielsen #3)
Personalizar está donde se personaliza
El acceso a configurar la pantalla vive en la propia pantalla, no enterrado en un perfil. Si el inicio es editable, el sitio honesto para decirlo es el inicio.
Correspondencia con el mundo real
Tres proveedores, una misma tarjeta
Contenidos del tutor, contenido asíncrono y cuaderno se cuentan igual: actividades completadas sobre el total y horas dedicadas. De dónde sale cada uno es un detalle de contrato que no llega a la interfaz.

Consistencia (Nielsen #4)
El mismo esqueleto, otro contenido
Idéntica estructura de menú y de tarjetas que la del alumno. Lo que cambia es el vocabulario —Alumnos, Evaluaciones— y el color, que avisa del perfil en el que estás antes de leer nada.
Jerarquía visual
Alumnos en riesgo, al mismo nivel que los activos
La cifra incómoda no se esconde en un informe: ocupa la cuarta tarjeta de la fila. Un responsable que entra una vez al mes tiene que irse sabiendo a cuánta gente hay que llamar.
Correspondencia con el mundo real
Medias, no sumas
El equipo se lee en porcentajes de asistencia y de registro, porque la pregunta de la reunión nunca es cuántas horas suman 124 personas, sino si el grupo va o no va.
Visibilidad del estado (Nielsen #1)
La bonificación, en la portada
Pendientes, en evaluación y validadas, con su convocatoria y su fecha límite. Es el trámite que obliga a este perfil a entrar, así que es lo primero que contesta la pantalla.

Visibilidad del estado (Nielsen #1)
Dónde estás y adónde vas, en dos cajas
Nivel actual y nivel objetivo, uno al lado del otro con la flecha entre medias. Es la única cifra que el alumno recuerda de su curso, y estaba escondida en la ficha académica.
Correspondencia con el mundo real
El objetivo, redactado en lenguaje de persona
No «B2», sino para qué sirve el B2 en su trabajo: reuniones, correos, presentaciones. Debajo, las tres competencias en las que se traduce.
Doble codificación
Completado, en curso y pendiente
Cada contenido lleva icono, color de fila y fecha de trabajo en clase. El color nunca va solo; en una tabla larga leída en diagonal, el icono es lo que de verdad se lee.
Control del usuario (Nielsen #3)
Los compromisos son del alumno, no de la escuela
Acuerdos concretos pactados con la tutora, con fecha de firma y de próxima revisión. Convierten un plan impuesto en algo que se puede cumplir o incumplir, que es la condición para que signifique algo.





05 — Resultados y aprendizajes
Se construyó exactamente lo que estaba dibujado
El mejor resultado de este proyecto no es una métrica de uso: es que el producto que se desarrolló es el que se diseñó. El equipo del cliente implementó la plataforma sin ninguna diseñadora dentro, trabajando contra la documentación, y lo que salió se reconoce pantalla por pantalla. En un encargo que se entrega y se suelta, esa es la única garantía de que el diseño sobreviva.
2 perfiles
con la misma anatomía y los mismos componentes. Lo único que cambia entre ellos es la tinta y el vocabulario.
20 indicadores
en el catálogo, de los que cada persona elige cuatro para su inicio. La discusión sobre qué medir dejó de ser una decisión de diseño.
Retrospectiva
- Documentar fue el entregable, no el papeleo. Cada componente salió con sus estados, su comportamiento responsive y el criterio de cuándo usarlo. Es lo que permitió que un equipo que no participó en el diseño lo construyera igual.
- Delegar la pantalla de inicio fue mejor que acertar con ella. Estuvimos semanas discutiendo qué módulos poner por defecto. La respuesta útil no fue elegir mejor, fue dejar de elegir y diseñar bien el mecanismo para que eligieran ellos.
- Diseñar a dos tiene un coste que conviene asumir pronto. Repartirnos UX y UI fue cómodo al principio y caro en el medio: las decisiones visuales cambiaban flujos y los flujos cambiaban componentes. Acabó funcionando cuando dejamos de repartir por disciplina y empezamos a repartir por pantalla.
- Lo que costó más de lo previsto. La tabla de seguimiento del responsable en móvil. Nueve columnas de datos comparables no se reducen: hay que decidir cuáles tres sostienen la comparación y aceptar que el resto se consulta entrando en la ficha.
- Lo siguiente. Cerrar el círculo entre el plan de estudios y las actividades. Hoy el plan dice qué contenidos toca trabajar y las actividades dicen cuánto se ha hecho, pero son dos lecturas separadas; unirlas es la mejora con más valor y la que no entró en el alcance.
Dos productos que no se estorban
Lo que antes eran dos recorridos improvisados sobre una misma base de datos es ahora una plataforma con una estructura reconocible: el alumno sabe qué le toca y cuánto lleva, y el responsable sabe cómo va su equipo y qué papeles le faltan. Ninguno de los dos tiene que entender el producto del otro para usar el suyo.